Si el comercio exterior fuera una obra de teatro, el papel que protagonizaría el agente marítimo no sería arriba del escenario, sino detrás de escena. Sería lo más parecido a un productor: el encargado de que esté todo listo para que un exportador concrete su venta y un importador reciba su compra. Y como productor de la obra, es responsable de ésta ante su autor y quien dirige la misma, desde el Estado hasta el armador que representa.

Patricio Campbell fundó la agencia marítima Multimar hace 20 años. Exploró múltiples negocios navieros, se destaca como referente local de la actividad y llevó a su empresa al nivel de integrarla al grupo Yusen Logistics, la marca global del armador japonés NYK, línea a la que siguen representando en el país, Uruguay y Paraguay.

En 1995, cuando nació Multimar, la Argentina tenía el mismo potencial que el actual pero, entre los aciertos y errores de esa década, persiste en el ideario empresario la sensación de estabilidad y previsibilidad que tenían los que aventuraban inversiones en el país.

“Fuimos testigos de la explosión cerealera en Rosario y San Lorenzo, de la mano de una fuerte inversión privada hacia fines de los 80, y luego asistimos a la transformación de los 90 en los puertos y la hidrovía (Paraná-Paraguay), pasando por los cambios en las tecnologías de la información y las comunicaciones, la incorporación de las grúas pórtico, y por los nuevos ordenamientos, protocolos y procesos”, indicó Campbell en diálogo con La Nacion.

Los agentes marítimos, más allá de su rol de representantes comerciales, son empresarios que asumen responsabilidades múltiples. En primer lugar, de cara a las autoridades argentinas: “Somos responsables legales en el país del ingreso de un barco, del cumplimiento de las normas, de la relación con los tripulantes y el capitán, del abastecimiento del combustible y de los víveres, del cumplimiento de los trámites aduaneros y, por supuesto, de la carga y descarga del buque”, agregó.

HACIA AFUERA

Esta responsabilidad legal “hacia adentro” se completa además con una carga jurídica, comercial y simbólica en la relación con el armador, porque el agente debe velar por cuestiones sensibles que van desde el “cuidado de la marca” hasta el cumplimiento de los protocolos de ética y de anticorrupción, así como también el manejo de los fletes, la cobranza y transferencia, y el manejo y cuidado de los buques. “Somos los ojos de la línea japonesa en la Argentina, Uruguay y Paraguay”, resumió el empresario.

Tras las bambalinas del comercio exterior cotidiano, pudo verse la mano de Multimar en la importación de contenedores y maquinaria clave para la radicación en los 90 de las fábricas automotrices; en el desarrollo de la logística de la fruta y el cítrico, e hizo valer su expertise para traer el poste del Puente de la Mujer, en Puerto Madero, y llevar réplicas de los restos de dinosaurios hallados en la Patagonia a los museos de Estados Unidos y Japón. “Pero sobre todo, ayudamos a muchos importadores y exportadores a crecer y desarrollarse”, apuntó Campbell.

El ejecutivo destacó que hacia 2007/2008 una cuña transmutó las expectativas en una seguidilla de imprevisiones.
“Lamentablemente, cambiaron las reglas de juego. El mundo siempre tuvo problemas, no es una cuestión de relatos sino de realidades. Es la Argentina la que tiene un tipo de cambio atrasado, alta presión tributaria, restricciones y cepo, todo lo que hace que muchos empresarios sigan exportando sólo para no perder mercados”, sintetizó Campbell.

No obstante, el trabajo a la par de una empresa oriental, cuya cultura de negocios difiere de la local (NYK cumple 130 años en octubre) curtió el ojo del agente marítimo: “El potencial agroalimentario está intacto. Necesitamos ordenarnos para poder aprovecharlo”, concluyó.

LA RELACION CON EL SOCIO EXTERNO

“Tratamos de que afuera entiendan de que más allá de los problemas del país, hay argentinos responsables, serios y con un profundo respeto por la inversión extranjera”, señaló Patricio Campbell, de Multimar, consultado sobre cómo se logra mantener la confianza de un socio externo en un clima de cambios de políticas.

“Frente a una mala noticia -continuó- somos objetivos al transmitirlas para que puedan ver el camino y no pierdan interés en el país. Porque hay argentinos de bien, que cumplen los protocolos. Y lo político siempre es circunstancial”, señaló.

¿Qué cambios haría para que el negocio marítimo en la Argentina prospere?, preguntó La Nacion.

“Primero, empezaría por contar con gente idónea, por empresarios que conozcan el negocio. Y en el plano político buscaría gente que esté actualizada con el dinamismo del mercado mundial. Pedimos reglas claras, escritas, para poder comunicar bien cómo se trabaja en la Argentina”, apuntó.

La Nación
Sumplemento Comercio exterior
Por Emiliano Galli